Cloroplasto🕒 Tiempo estimado: 2 minutos de lectura

Los cloroplastos son orgánulos celulares distintivos de las células vegetales y de las algas, esenciales en el proceso de fotosíntesis gracias a su contenido de clorofila, el pigmento que captura la luz solar y confiere el característico color verde a estas organismos. Predominantemente localizados en las hojas, los cloroplastos son responsables no solo de la fotosíntesis sino también de diversas funciones metabólicas.
Definición y estructura
El cloroplasto, definido por su estructura generalmente en forma de disco, se clasifica dentro de los plastidios, orgánulos con doble membrana y una matriz interna rica en ADN, ARN, ribosomas y enzimas. Esta compleja organización permite que los cloroplastos realicen la fotosíntesis de manera eficiente, un proceso vital para la conversión de la energía luminosa en energía química.
En términos de distribución, los cloroplastos se hallan principalmente en las hojas de las plantas, en donde una célula del mesófilo puede contener hasta 50 cloroplastos, sumando aproximadamente 500.000 por milímetro cuadrado de hoja, lo que subraya su abundancia y su importancia en la captación de luz.
La estructura del cloroplasto incluye una envoltura de dos membranas y un sistema interno de membranas llamadas tilacoides, organizadas en estructuras apiladas conocidas como gránulos y conectadas por tilacoides estromales. La membrana tilacoide aloja la clorofila y otros pigmentos como los carotenoides, que, aunque presentes, quedan enmascarados por la clorofila, resultando en la dominante coloración verde.
Además de la fotosíntesis, los cloroplastos participan en la síntesis de proteínas, ácidos grasos y metabolitos secundarios, y en el almacenamiento temporal de almidón. La presencia de ADN y ribosomas en los cloroplastos los dota de una cierta autonomía, aunque dependen en parte del núcleo celular para la síntesis de algunos componentes, lo que los clasifica como orgánulos semiautónomos.
La teoría endosimbiótica sostiene que los cloroplastos, al igual que las mitocondrias, provienen de organismos procarióticos que establecieron una relación simbiótica con células eucariotas ancestrales. Esta relación mutuamente beneficiosa les permitió integrarse permanentemente en la célula huésped, evolucionando hasta convertirse en los orgánulos complejos y funcionales que conocemos hoy..